José Antonio en Normandía

Pedro Sánchez e Irene Lozano, en un acto en Madrid. / © David Castro

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110.000€ anuales y coche oficial. Esos son dos de los privilegios de Irene Lozano por ser secretaria de Estado de Marca España, hoy transformada en España Global. Antes de ese nombramiento nadie sabía nada sobre ella. Bueno, sí. Se sabía que en 2011 era diputada del partido nacionalista español UPyD y que cuando vio que el barco se hundía se pasó al PSOE usando la excusa del experto que presta servicios. A principios de este año, Pedro Sánchez publicó un libro, Manual de resistencia (Península), cuyo original es muy parecido —o por lo menos eso aseguran los que vieron las dos propuestas— a otro que circuló hace un par de años por numerosas editoriales. Entonces lo ofrecían escrito a medias entre Pedro Sánchez e Irene Lozano. El primero había sido defenestrado en aquel comité federal del PSOE que le puso de patitas en la calle y la segunda estaba sin acta de diputada porque no repitió en las elecciones de 2016. El libro de Sánchez es un fraude en todos los sentidos: no lo escribió él y su contenido es una verdadera bazofia emocional para demostrar la resiliencia — ¡vaya con la palabreja!— de un Pedro Sánchez que venció estando muerto, como el Cid Campeador.

Si en 1982 Felipe González y Alfonso Guerra encabezaban a “un grupo de jóvenes nacionalistas” según la certera definición de The New York Times de aquel tiempo, algunos de los acompañantes de Pedro Sánchez surgen directamente del nacionalismo reaccionario que fracasó con Rosa Díez al frente, cuya obsesión por ETA le impidió ser la Marie Le Pen española. De todo aquello se desprendieron los residuos que se reparten a partes iguales entre los partidos españoles, sean de derechas o de izquierdas. Eso es lo que no quiere entender Gabriel Rufián —o a lo mejor sí lo entiende y resulta que su españolidad es más fuerte que su independentismo— cuando intenta convertirse en la celestina de la izquierda española. El PSOE es el flanco izquierdo del nacionalismo español que intenta castigar no sólo a los independentistas, sino al conjunto de los catalanes con unas políticas de ahogo —tuneadas de ahorro— económico, represión indiscriminada y campaña de propaganda internacional para desacreditar la lucha democrática de los catalanes que desean independizarse de España. A eso se dedica ahora la nacionalista Irene Lozano, avalada por el energúmeno Josep Borrell, el señor de la Pobla que los socialistas europeos sólo “soportan” porque el PSOE es en estos momentos el partido más numeroso del grupo socialista en el Parlamento europeo.

España Global actúa como Donald Trump, a quien le importa un carajo caer en el ridículo con sus tuits surrealistas

España Global actúa como Donald Trump, a quien le importa un carajo caer en el ridículo con sus tuits surrealistas. Lo malo de Trump es que sus extravagancias y sus engaños repercuten en el prestigio de EE.UU. y ponen en peligro las relaciones internacionales. Las consecuencias de lo que diga Irene Lozano —o incluso Pedro Sánchez o Borrell— son menores, puesto que España cuenta bastante menos en el mundo, pero son igualmente preocupantes para la salud de la democracia mundial. La democracia es, por encima de todo, una actitud moral basada en una ética de la historia. Cuando se traiciona la memoria del pasado, cuando se manipula y se difunde a sabiendas lo que no es cierto, está claro que la democracia está en peligro. Todos los golpes de Estado empiezan ocupando los medios de comunicación. Por algo será. La historiadora estadounidense Lynn Hunt afirma en Historia: ¿Por qué importa? (Alianza, 2019) que puede que la historia “no sea la primera línea defensiva de las sociedades democráticas, pero no hay duda de que se halla muy próxima al frente, pues la comprensión de la historia aumenta nuestra capacidad de atravesar la niebla de la desinformación deliberada que constituye la mentira”. La semana pasada el gobierno de izquierdas español —que para mí lo es tanto como el PC chino que masacra a sus “súbditos” de Hong Kong— mintió por dos veces.

La ridícula felicitación de la embajada de España en Letonia por el 30 aniversario de la cadena humana que se enfrentó al poder soviético con el objetivo de reivindicar la independencia de los países bálticos, es de manual. El embajador maquilla un acontecimiento ajeno para disimular la acción que tuvo lugar en Catalunya en 2013 con la Vía Catalana, cuyo objetivo era parecido al báltico pero en relación con España, y que fue una demostración de civismo que sorprendió a propios y extraños. El mensaje subliminal está muy claro: los líderes bálticos soñaban con la unidad y Europa mientras que los catalanes son simplemente unos delincuentes que merecen ser juzgados por rebelión. Manipulación diplomática de muy bajo nivel que no sigue ni el denostado Boris Johnson, cuya felicitación a los lituanos se corresponde con la verdad histórica: “dos millones de personas que unieron las manos a través de los Estados Bálticos para protestar contra la ocupación soviética y exigiendo libertad”. Claro está que el Reino Unido jamás reconoció la legalidad de la ocupación soviética y, en cambio, la España de Franco acabó por hacerlo.

El PSOE es el flanco izquierdo del nacionalismo español que intenta castigar no sólo a los independentistas, sino al conjunto de los catalanes con unas políticas de ahogo económico, represión indiscriminada y campaña de propaganda internacional para desacreditar la lucha democrática de los catalanes que desean independizarse de España

Ahí es donde más duele. Con Franco algunas cosas no pasaban, debió decirse a sí misma la nacionalista Irene Lozano, que parece que ignora quién fue Joan Pujol, ese agente doble catalán llamado Garbo y que resultó ser determinante para que los aliados consiguiesen desembarcar con éxito en las playas de Normandía engañando a los nazis. La semana pasada, España Global lanzó otro tuit que daba tanta pena como el anterior. En él aseguraba que “España tuvo un papel crucial en la liberación de París hace 75 años”. La barbaridad histórica es de vergüenza ajena. Ni un adolescente no muy ducho en historia se atrevería a afirmar algo así. Pero el nacionalismo de Estado siempre se inventa el pasado para mitificar la nación. Lo peor no es este tuit inculto, nacionalista, chovinista y mentiroso, lo peor es otro tuit de la señora Lozano contra el presidente de la Generalitat, Quim Torra, quien dejó claro, también en Twitter, que la participación de España en la Segunda Guerra Mundial se tradujo en la División Azul. Los republicanos de la División Nueve que entraron en París con las tropas aliadas eran parias para los franquistas. La señora que percibe un salario de 110.000€ y tiene un rango inferior al del presidente de la Generalitat, respondió a la máxima autoridad catalana con muy mala educación y aumentando todavía más el bochorno que provoca constatar que un alto cargo del gobierno español, el mismo gobierno que impide salvar vidas a Open Arms, es una fanática e ignorante nacionalista: “La historia de un país no es sólo la de su Estado”. La nación inmortal. ¡Arriba España! José Antonio, ¡presente! 

Publicado en elnacional.cat, 26/08/2019 

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