Historiador, dirigente de MESCat-Independentistes d’Esquerra y hombre de confianza de Puigdemont, Colomines analiza en esta entrevista, realizada por Iñaki Ellakuría, el actual escenario catalán y la posible evolución del independentismo.

Historiador, profesor de la Universitat de Barcelona (UB), diputado de Junts y desde hace años uno de los cerebros del nacionalismo catalán, Agustí Colomines (Barcelona, 1957) impulsa al sector de izquierdas dentro de la formación de Carles Puigdemont. El propósito es hacer de Junts la «casa grande» del independentismo.
¿Qué es el partido MEScat-IE y cuál es su función en Junts?
Es la suma de gente que venía del PSC con un sector de izquierdas vinculado a Junts. MEScat-IE es un grupo que ha firmado un convenio con Junts de tipo estratégico para estructurar el «puigdemontismo» de izquierdas; aquella idea de Pujol de que Convergència fuera un partido amplio y con alma social.
La entrada de MEScat-IE en Junts pasa cuando en el partido crece la duda de qué hacer si Puigdemont no puede regresar a Cataluña.
Junts sin Puigdemont es otra cosa; por lo tanto, solo pensamos en su pronto regreso a Cataluña. Dicho esto, Junts debe ser un grupo de centro que en algunas cosas tirará hacia la derecha y en otras basculará hacia la izquierda. Debe entender la realidad del país, que está situada —o lo estaba— en un espacio progresista. En Cataluña no hay grandes discusiones sobre el aborto, el divorcio o los derechos de los homosexuales, que sí se dan en otras partes del Estado. El debate está en cómo se ha de articular Cataluña como sociedad moderna. Con el objetivo irrenunciable de la independencia, pero, mientras se alcanza, hay que hacer cosas. El final del procés nos debe llevar al espacio nacionalista a hacer una reflexión sobre la estrategia y el camino en el nuevo intento de conseguir la independencia. No podrá ser de la misma manera que en 2017.
Dice que el espacio progresista es central en Cataluña, pero el nacionalismo está virando a posiciones abiertamente xenófobas con Aliança Catalana. Una parte del electorado de Junts apoya este discurso de Orriols.
Yo distinguiría entre la cúpula de Aliança y la gente que se aproxima a Aliança. La cúpula representa una enmienda total al catalanismo, porque éste nace en el siglo XIX como una corriente modernizadora, una sociedad urbana que era Barcelona y una expresión cultural que era la Renaixença. Lo que hace Aliança es lo contrario: un país cerrado, reducido, una suerte de secta. No entienden que Cataluña es una sociedad abierta, con gente que viene de muchas partes, y que debes pensar cómo integrarlas en un común. Orriols coge tópicos del carlismo; es muy etnicista.
¿No representa Aliança también una venganza contra las personas y los partidos que fracasaron con el procés?
La decepción de 2017 y su mala digestión, en vez de atribuirse a una lucha clásica en la que haces un embate, pierdes y el otro te reprime, mucha gente la culpa a los partidos independentistas. Existe esa idea de que todos iban de farol y fue un engaño colectivo. Esta parte del electorado desencantado es la que puede optar por Aliança prescindiendo de si son «fachas» o no, porque es un voto de castigo, de decepción. Por eso pienso que es un voto coyuntural, como lo fue Podemos tras el 15-M, que ha encontrado en Orriols una candidata llamativa y reconocible.
¿Cómo valora el acuerdo de Junts con Sánchez y la posterior ruptura?
El acuerdo de Bruselas con el PSOE decía una cosa que era un paso muy importante: el reconocimiento del conflicto político entre Cataluña y España; que el Gobierno asumiera nuestro relato político e histórico. Cuando pasa eso, no puedes pensar que te está engañando todo el rato, porque eso también tendrá un coste para él. Antes de firmar el acuerdo, Puigdemont consultó a mucha gente: profesores universitarios, empresarios, juristas… El consenso general es que se debía aprovechar esta oportunidad. Por eso creo que Sánchez es un gran irresponsable; su gran problema es que tiene más planta que cabeza, con una única obsesión: mantener el poder de cualquier manera. No ha sabido aprovechar su momento al engañar a Junts. Ha cometido un error histórico porque ha perdido una grandísima oportunidad para generar un largo periodo de debate y reforma del conflicto territorial. Y eso, evidentemente, nos ha desgastado. Cuando te engañan, te desgasta como partido.
Sánchez insiste ahora en el modelo confederal, una España «plurinacional»… La misma idea que en su día impulsó Zapatero…
La independencia tiene muchas formas. Un país confederal hace que, prácticamente, las partes sean independientes. Es una forma de independencia dentro de una interdependencia global porque estamos en Europa. El problema básico es ostentar la soberanía: quién decide sobre qué. Pero somos conscientes de que Sánchez ahora solo mendiga nuestro apoyo.
La crisis del Gobierno de Sánchez ha recuperado en el PP de Feijóo la idea de pactar con Junts. ¿Lo ve factible?
Una de las diferencias claras entre ERC y Junts es que ERC solo se puede agarrar a una mano porque son muy ideológicos. Nosotros, como no somos ni seremos aliados de ningún partido español, negociamos con el Gobierno del Estado mande el partido que mande, si eso beneficia a Cataluña. Nosotros no tenemos ninguna voluntad de reformar el Estado ni de colaborar en su gobierno.
La inmigración se ha convertido en un debate central en Cataluña, con Aliança y Vox exigiendo medidas más duras. También lo piden algunos alcaldes de Junts. ¿Este discurso en Junts es compatible con la posición progresista de MEScat-IE?
Hay una realidad evidente: no puedes gestionar el aumento demográfico del país, haciendo ver que no está pasando. Ese es el peor de los errores, porque está teniendo unos efectos sociales inmensos. La solución tampoco es decir «cerrar fronteras». Los alcaldes tienen necesidad de una regulación más clara sobre lo que pueden hacer. A Cataluña le perjudica el modelo de Estado que tenemos, con su apuesta por Madrid.
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